Seis meses separan los primeros bombardeos estadounidenses e israelíes contra Irán de una guerra que hoy se disputa en todos los terrenos en los que podría actuar: economía, recursos y territorio.
Para finales de 2025 y principios de 2026, existía una tensión entre la Casa Blanca y la República Islámica que provocaba todo tipo de especulaciones. Con las protestas masivas en Irán exigiendo la caída del ayatolá y la captura de Nicolás Maduro demostrando lo que la Administración Trump era capaz de hacer, se estimaba que Irán sería el próximo objetivo. Antes de que comenzara marzo, esas especulaciones se hicieron realidad.
28 de febrero: comienza la ofensiva
Estados Unidos e Israel iniciaron los ataques el 28 de febrero de 2026. Dos días después de declarar el inicio de la Operación Furia Épica, el presidente Donald Trump resumió públicamente cuatro objetivos: destruir los misiles iraníes y su capacidad de producirlos, neutralizar la marina, impedir que Teherán obtuviera un arma nuclear y cortar su apoyo a grupos armados aliados.
Durante las primeras semanas, los ataques alcanzaron sistemas de misiles, instalaciones militares y nucleares y centros de producción. Uno de los "trofeos" de la primera jornada fue el asesinato del ayatolá Ali Khamenei, quien murió durante los bombardeos iniciales.
Abril: Washington declara "cumplida" la misión militar
El 8 de abril, después de 38 días de grandes operaciones de combate, la Casa Blanca presentó la campaña como una victoria militar.
El jefe del Estado Mayor Conjunto, Dan Caine, aseguró que las fuerzas estadounidenses habían "alcanzado los objetivos militares definidos por el presidente". La administración sostuvo que Irán había perdido gran parte de su capacidad naval, misilística y de producción militar.
La secretaria de prensa Karoline Leavitt fue todavía más categórica al asegurar que Estados Unidos había "alcanzado y superado esos objetivos militares centrales en apenas 38 días". Sin embargo, los ataques continuaron.
Junio y julio: del acercamiento al nuevo alejamiento
El futuro del programa nuclear siguió abierto. Una de las principales cuestiones es el destino de unos 440 kilogramos de uranio altamente enriquecido que se cree permanecen bajo instalaciones bombardeadas.
Al mismo tiempo, el estrecho de Ormuz se convirtió en otro frente. Antes de la guerra lo atravesaban aproximadamente 130 barcos diarios. A finales de agosto, el promedio era inferior a 20. Más de 70 buques comerciales fueron atacados y al menos 74 trabajadores marítimos, pescadores y tripulantes murieron.
Su cierre por parte de ambos frentes provocó un efecto inmediato en la economía mundial. Combustibles y fertilizantes aumentaron abismalmente, lo que generó una fuerte preocupación en las naciones cuya dependencia de las importaciones provocó reestructuraciones en sus cadenas de suministro.
Agosto: de los bombardeos a la presión económica
El 24 de agosto, el Departamento del Tesoro lanzó la Operación Paria Económica para perseguir redes petroleras, financieras y comerciales relacionadas con Irán.
"Nuestro objetivo es cortar cada salvavidas económico que sostiene a este régimen", afirmó el secretario del Tesoro, Scott Bessent. La ofensiva incluye más de 60 entidades, personas y embarcaciones vinculadas con ingresos petroleros, tecnología nuclear, misiles y operaciones financieras iraníes. Teherán, por supuesto, rechaza la arremetida y amenaza con vengarse de los países que obedezcan los lineamientos de Washington.
Luego de medio año, Estados Unidos ha invertido 37.500 millones de dólares en la guerra, con la intención de solicitar más al Congreso. Mientras tanto, las pérdidas económicas acumuladas para Irán se estiman en 144.000 millones de dólares, lo que equivale aproximadamente al 40% de su producto interno bruto (PIB) previo a la guerra.
Además, se estima que el número total de muertos se sitúa entre 8.000 y 10.600 personas si se tiene en cuenta también la extensión de la guerra en las fronteras de Líbano e Israel.