¿Sheinbaum logró domar a Trump o solo contener sus amenazas?

¿Sheinbaum logró domar a Trump o solo contener sus amenazas?

Foto: IA Imagen Poblana / Xinhua

Desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, en enero de 2025, la relación entre México y Estados Unidos ha estado marcada por amenazas, presiones comerciales y diferencias en materia de seguridad, aunque también por una constante comunicación entre ambos gobiernos.

 

En este escenario, Claudia Sheinbaum ha mantenido una postura de defensa de la soberanía nacional, sin romper los mecanismos de cooperación bilateral.

 

La pregunta sobre si la presidenta mexicana ha logrado “domar” a Trump permanece abierta, y es que, aunque el mandatario estadounidense ha moderado algunas de sus amenazas y ha reconocido públicamente a Sheinbaum, continúa utilizando la posibilidad de imponer aranceles y llevar a cabo operaciones contra los cárteles como instrumentos de presión hacia México.

 

 

Uno de los principales puntos de tensión ha sido la posibilidad de que elementos de seguridad estadounidenses participen directamente en operativos dentro del territorio mexicano.

 

El pasado 26 de octubre, Sheinbaum confirmó que funcionarios de Estados Unidos han solicitado en distintas ocasiones ampliar su participación en acciones contra el narcotráfico, pero aseguró que su gobierno ha rechazado esa posibilidad.

 

“Nos coordinamos, pero sin la participación de ellos en nuestro territorio”, ha sostenido la mandataria, al reiterar que México acepta cooperación en materia de inteligencia y equipamiento, siempre que se respete la integridad territorial y las decisiones del gobierno nacional.

 

La postura mexicana contrasta con las declaraciones de Trump, quien ha insistido en que los cárteles tienen el control de México y ha advertido sobre la posibilidad de extender las operaciones estadounidenses contra el narcotráfico desde el mar hacia objetivos terrestres.

 

 

Sheinbaum ha rechazado esos señalamientos y ha respondido con cifras de su gobierno sobre la reducción del tráfico de fentanilo hacia Estados Unidos y de los homicidios en el país.

 

En el terreno económico, los aranceles también se han convertido en una herramienta de presión; las amenazas de gravámenes a sectores como el automotriz, el acero y el aluminio han obligado a México a mantener negociaciones constantes para conseguir excepciones, aplazamientos y condiciones comerciales menos desfavorables.

 

Aunque ambos gobiernos han expresado su disposición para alcanzar acuerdos, las diferencias comerciales continúan.

 

Otro frente delicado es el de las solicitudes estadounidenses relacionadas con Rubén Rocha Moya, gobernador de Sinaloa con licencia, y otros funcionarios y exfuncionarios señalados por presuntos vínculos con el narcotráfico.

 

El gobierno mexicano ha sostenido que las solicitudes de detención con fines de extradición deben estar respaldadas por pruebas suficientes conforme a la legislación nacional, por lo que no ha aceptado actuar únicamente a partir de acusaciones.

 

Pese a las diferencias, la relación bilateral no se ha roto, Trump ha dedicado elogios públicos a Sheinbaum y ha reconocido algunos resultados de la cooperación en seguridad y migración, aunque mantiene sus exigencias para que México incremente las acciones contra las organizaciones criminales.

 

Por su parte, la presidenta ha apostado por conservar el diálogo, negociar en materia comercial y establecer límites frente a cualquier intento de intervención.

 

 

Más que una supuesta derrota política de Trump o una victoria absoluta de Sheinbaum, el escenario refleja una relación de contención mutua; la mandataria mexicana ha conseguido sostener, hasta ahora, su negativa a permitir operaciones militares estadounidenses en territorio nacional, mientras que el presidente de Estados Unidos mantiene la capacidad de presionar mediante amenazas económicas y de seguridad.

 

Así, Sheinbaum no ha “domado” a Trump, pero tampoco ha cedido en sus principales líneas rojas, el mandatario estadounidense continúa con su discurso de presión, mientras México intenta demostrar que puede cooperar con Washington sin renunciar a su soberanía.

 

La verdadera prueba será determinar cuánto tiempo podrá mantenerse ese equilibrio sin que las amenazas se conviertan en acciones concretas.

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